Estar embarazada ha cambiado muchas cosas en mi vida, pero hay algo que sigue intacto: mi pasión por la pesca. Estos meses me han demostrado que, aunque el cuerpo cambia y el ritmo no es el mismo, las ganas pueden con todo. Y si hay algo que me hace feliz de verdad, es seguir saliendo a orillas del Ebro con mis cañas, mi equipo de carpfishing y ahora también con mi barriga cada vez más grande.
Esta última sesión fue especial. No solo por los peces, que fueron muchos y variados, sino por todo lo que significó para mí. El calor apretaba desde primera hora, de esos días en los que el sol no da tregua, pero aun así montamos el puesto con la ilusión de siempre. Eso sí, tengo que admitir que no fue tan fácil como antes. Moverme, agacharme, lanzar… todo cuesta un poco más. Hay momentos en los que el cansancio aparece antes de lo esperado, pero también he aprendido a escuchar mi cuerpo y tomarme las cosas con más calma.
Aun así, nada me para.

Ver las alarmas sonar sigue poniéndome la piel de gallina. En esta sesión tuvimos acción constante: carpas preciosas, algún siluro peleón que me hizo sacar fuerzas de donde no sabía que tenía, luciopercas que hicieron la jornada aún más completa. Cada captura fue un pequeño logro, una mezcla de emoción, orgullo y felicidad que ahora comparto también con el bebé que viene en camino.

Hubo momentos de risas, de descanso a la sombra, de beber agua sin parar para aguantar el calor, y también de parar simplemente a disfrutar del paisaje y del momento. Porque ahora todo se vive de una manera diferente, más intensa y más consciente.
Sé que no estoy pescando al mismo ritmo de siempre, y sí, a veces me frustra un poco no poder hacer todo como antes. Pero también sé que esto es solo una etapa, y que estoy creando recuerdos únicos. No todos los días se pesca con una vida creciendo dentro de ti.

Tengo claro que voy a seguir pescando todo lo que pueda hasta que nazca el bebé. Porque esto es parte de mí, de lo que soy y de lo que quiero compartir en el futuro. Quién sabe, quizás dentro de unos años tenga un pequeño compañero o compañera de pesca a mi lado.
De momento, seguiré disfrutando cada jornada, cada picada y cada pez. Porque la felicidad, para mí, sigue estando aquí: a orillas del río, con mis cañas… y ahora, con una nueva vida acompañándome en cada lance.